domingo, junio 19, 2005

Europa mira al modelo nórdico

Creo que os interesará este artículo (abajo) que aunque es un poco superficial ofrece algunas ideas interesantes. En todo caso, me gustaría matizar y desarrollar algunos puntos. En primer lugar, Europa lleva mirando al modelo nórdico ya bastante tiempo, aunque sin demasiado éxito. La agenda de Lisboa, creada cuando 13 de los 15 países Europeos tenían gobiernos de centro-izquierda, se realizó mirando a los países nórdicos y su modelo socio-económico que combina grandes niveles de desregulación del mercado de trabajo y altos impuestos gastados en inteligentes políticas sociales (alta inversión en I+d, educación, servicios sociales para conciliar el trabajo y obligaciones caseras (en beneficio de la participacion de las mujeres en el mercado laboral y de la natalidad),y lo que se llama life-long learning para reinsertar rápidamente a los parados en el mercado de trabajo).

Desafortunadamente, la mayoría de esos gobiernos cayeron muy pronto, y los que se mantuvieron han encontrado muchos problemas para introducir las reformas necesarias. El caso paradigmático es el alemán, cuya estrategia de "quitar" tímidamente por un lado y "poner" tímidamente en el otro no le ha salido bien, dado los intereses corporativistas de los poderosos sindicatos de la industria tradicional (los perjudicados por los recortes) y la escasa organización (y conciencia de clase) de los que se hubieran beneficiado del éxito de las reformas (mujeres, tercera edad y jóvenes). Por supuesto, el crecimiento del paro y el parón económico ha sido ya la puntilla para el fracaso del gobierno roji-verde teutón que probablemente se despedirá de nosotros el próximo septiembre. Se ha de añadir que el desgraciado pacto de estabilidad tampoco permitió utilizar el gasto público de manera expansiva, aunque eso fue al principio, porque al final todos se han saltado las reglas, alcanzando déficits fuera del marco acordado.

En segundo lugar, el artículo creo que desdibuja muy bien el tópico de que un estado del bienestar fuerte es incompatible con la globalización. Si bien es cierto que -como menciona el artículo- ahora Suecia está teniendo más problemas con el paro, todavía es de los más bajos de Europa. Por otra parte, se ha de enfatizar que tiene uno de los porcentajes de población activa más altos del mundo (dada la alta tasa de actividad de las mujeres), lo cual hace más difícil -y más meritorio- poder emplear a esa ingente porcentaje que demanda trabajo.

En tercer lugar, esto nos lleva a plantearnos por qué los estados del bienestar nórdicos han podido adaptar sus estructuras del bienestar a la globalización mientras que para los continentales se presenta tan difícil. La clave de la cuestión es el carácter universalista (accedes a las prestaciones del estado por tu estatus de ciudadano) del estado del bienestar escandinavo frente al carácter corporativista (accedes a las prestaciones por tu integración en determinados nichos del mercado laboral) de los continentales. Para los escandinavos fue mas facil cambiar su modo de producción porque el objetivo no era proteger determinados puestos de trabajo, sino asegurar el bienestar de los ciudadanos y el crecimiento económico (pq sin crecimiento, no hay nada que se pueda redistribuir). Si para ello, había que garantizar un mercado de trabajo más flexible e innovador, además de incorporar a las mujeres al mercado de trabajo, se creaban las estructuras del bienestar necesarias para asegurar ese cambio.

En la Europa continental, el modelo se ha basado más en proteger un modelo conservador de sociedad: el de el hombre en el mercado de trabajo con un puesto muy protegido (a través de un mercado laboral muy rígido en el que las prestaciones se reciben en función de las contribuciones que hagas al sistema, es decir, si estas en un puesto de trabajo durante muchos años: en un trabajo ultra protegido), porque se asumía que era el hombre quien tenía que traer el dinero a casa y la mujer hacer las tareas del hogar y cuidar a niños, hombres y mayores. Eso funcionó muy bien en la europa de posguerra, cuando el sector dominante era el industrial y estaba basado en la negociación colectiva entre sindicatos (por aquella época mucho más representativos de la fuerza laboral) y empresarios. Sin embargo, a medida que el sector servicios a desbancado al industrial y las mujeres se han incorporado progresivamente al mercado de trabajo, el mercado laboral se ha ido polarizando entre aquellos con trabajos muy protegidos (en su mayoría hombres -empleados industriales o funcionarios del estado) y aquellos con trabajo precario (en su mayoría mujeres y jóvenes). El caso alemán, mencionado anteriormente, muestra que los sindicatos en muchas ocasiones se han obsesionado con defender los privilegios de sus miembros, en detrimento de otros grupos de población.

Esto último nos lleva al problema principal hoy en día. Para muchos toda reforma del estado del bienestar es neoliberalismo y desmantelamiento del estado del bienestar. Esto lleva al segundo razonamiento: todos los políticos son iguales. Y al tercero: el problema es el sistema y no sólo hay que cambiarlo sino que para alcanzar tal objetivo hay que operar fuera de él.

Pues bien, evidentemente todas esas aserciones son falsas, empezando por la primera. La reforma del estado del bienestar es necesaria si queremos no sólo mejorarlo sino también que sobreviva, asegurando los niveles de crecimiento que exigen nuestras sociedades en un mundo global más competitivo. No podemos competir con impuestos bajos ni con mano de obra barata, sino con innovación tecnológica y mano de obra educada con altos estandares de bienestar y de respeto por el medioambiente.

El neoliberalismo es más bien escaso en la clase política Europea. En el artículo se habla que los conservadores en Suecia nunca osarían a defenestrar el sistema. En Europa continental pasa algo similar, los partidos demo-cristianos fueron los principales arquitectos del sistema de bienestar corporativista-conservador, y no están en absoluto por desmontarlo. Incluso Blair -cuya ideología es una mezcla entre liberalismo (por su visión del mercado laboral), democracia cristiana (por sus valores religiosos), y social demócrata escandinavo (por su visión de estado y sociedad como valores para el crecimiento)- ha sido el único primer ministro europeo que, en los últimos años, ha subido los impuestos para pagar la mejora de unos servicios públicos en los que cree fervientemente.

En los últimos años, el debate sobre la reforma del estado del bienestar ha sido secuestrado por la vieja rivalidad entre Francia y Gran Bretaña, obviando la rica experiencia escandinava. La izquierda francesa tiende a defender su modelo (que por cierto no es suyo al ser esencialmente demo-cristiano) como si fuera lo mejor. Cualquier cuestionamiento es neoliberalismo anglosajón. La izquierda francesa tiene gran influencia en la izquierda continental: ATTAC, Le Monde Diplomatique y sus sindicatos son importantes creadores de opinión en Francia y fuera de sus fronteras (también en España). El artículo de El País que podeis leer a continuación es un raro especimen entre la marabunta de artículos que giran alrededor de la discusión entre el modelo liberal inglés y el modelo francés. Así pues, espero que lo disfrutéis.




Europa Mira al modelo nórdico

El sistema sueco, capaz de conciliar altas prestaciones sociales y crecimiento económico, constituye una alternativa ante la crisis europea

LUIS PRADOS (ENVIADO ESPECIAL) - Estocolmo
EL PAÍS - Internacional - 19-06-2005

El estancamiento de las principales economías de la zona euro -Francia y Alemania- y la crisis política que vive la Unión Europea tras el rechazo franco-holandés a la Constitución europea han llevado a muchos comentaristas a volver sus ojos hacia el modelo social de los países nórdicos, capaces de compatibilizar crecimiento, globalización y protección social, con la esperanza de hallar una alternativa. Pero, ¿es realmente exportable al resto de Europa el estado de bienestar escandinavo? Varios políticos y empresarios suecos y daneses consultados por EL PAÍS creen que sí, al menos en parte.
"Suecia es el único país donde se pueden ganar las elecciones prometiendo subir los impuestos", dice Lars Danielsson, secretario de Estado y consejero político del primer ministro socialdemócrata, Göran Persson. No le falta razón. Los socialdemócratas han dominado desde los años treinta del siglo pasado la vida política sueca y el nivel de impuestos es escalofriante comparado con el de otros países europeos. El impuesto sobre la renta -el tramo municipal es mayor que el estatal- oscila entre el 53% y 58% para la mayoría de los empleados y el IVA alcanza el 25%.
Ahora bien, los beneficios a cambio de ese esfuerzo son también inimaginables en otras latitudes. La educación, desde la infantil hasta la universitaria, es gratuita, como también lo es la asistencia sanitaria, desde la prescripción de anticonceptivos al cuidado dental de niños y jóvenes menores de 20 años. Además, entre otros ejemplos, el permiso de maternidad se extiende durante un año conservando el progenitor el 80% de sus ingresos.
El éxito del sistema, que se mide también por unas tasas de crecimiento económico superiores a los de la eurozona -2,8% previsto este año en Suecia y 2,4% en Dinamarca- ha forjado en la sociedad sueca "una base igualitaria muy profunda", según explica Mauricio Rojas, diputado del Partido Liberal. "Ningún partido puede ir contra ella", añade.
"Los conservadores ya han anunciado que gobernarán con los sindicatos, no en su contra". Rojas precisa que el "viejo" modelo sueco de los años setenta, el de la expansión del sector público, ya ha dejado de existir porque era insostenible. "La crisis de comienzos de los años noventa acabó con aquel sistema. El monopolio público quebró y se inició una campaña de privatizaciones -en el sector de la energía, comunicaciones, automóvil, enseñanza, etcétera- como no han conocido otros muchos países europeos. Y esta manera de privatizar con justicia social sí puede ser copiada por los extranjeros".
Charlotte Nyberg, directora de Política Internacional y Europea de la Confederación de la Empresa Sueca, no tiene dudas sobre las ventajas del modelo. "Como mujer puedo decir que el destino del dinero de los impuestos ha sido muy positivo porque gracias a la red de asistencia infantil puedo afrontar el trabajar a jornada completa. El sistema mantiene un buen equilibrio entre familia y trabajo, entre seguridad y toma de riesgos". Gracias a ese sistema, Suecia es uno de los pocos países europeos donde hay tantas mujeres como hombres en el mercado laboral.
El secretario general del Partido de la Izquierda (ex comunista), Lars Ohly, ve difícil que pueda transplantarse un modelo de un país a otro pero, no obstante, sí considera que "la liberación de las mujeres de la servidumbre del hogar y del cuidado de los hijos, su integración en el mercado de trabajo y el avanzar en la igualdad de los sexos" puede y debe ser imitado por otros países europeos.
Sin embargo, el modelo tiene también sus puntos flacos. Charlotte Nyberg señala como uno de los más acuciantes la falta de creación de nuevos empleos en Suecia. De acuerdo con los datos de la Confederación de la Empresa Sueca, en el año 1987 la industria sueca creó 750.000 empleos en su país y 450.000 en el extranjero. En el año 2002, en cambio, las cifras fueron 520.000 para Suecia y 960.000 fuera de sus fronteras. Nyberg achaca esto a los altos costes labores de su país. "La diferencia entre los salarios de Suecia y los países bálticos", afirma, "es más grande ahora que entre Suecia y Portugal cuando este país entró en la Unión Europea en 1986".
La falta de creación de nuevos empleos también afecta a la inmigración, añade Mauricio Rojas. "Actualmente existe el mismo número de empleos que en el año 1980, 4,2 millones. Y ahora hay 550.000 personas más en edad de trabajar. Por cada puesto de trabajo hay 16 solicitantes y está claro quiénes pierden en esa pelea. La falta de empleos genera exclusión". Son las sombras de un modelo que de momento es el único que arroja algo de luz en las horas más oscuras de la Unión Europea.

miércoles, junio 15, 2005

això pot ser l'inici

o pot ser un intent frustrat més.

tot dependrà de nosaltres, i de l'ús que en volguem fer.